Negros nubarrones se ciernen sobre la corte upemera, donde reina el
desconcierto entre sus gobernantes. Las malas noticias llegan en tropel a
sus puertas, la última a cuenta de la cuestionada gestión en la Fundación General de la UPM por la Cámara
de Cuentas de Madrid, donde el
director general Agustín Montes se mete en un jardín por sus declaraciones a la prensa. Los grupos políticos de la Asamblea de Madrid ya están pidiendo cabezas mientras el Rectorado guarda silencio, por el momento. (ACTUALIZACIÓN: Comunicado de la FGUPM)
Con
estas premisas no es extraño que la gente empiece a elucubrar y crea
que toda la estructura de la universidad, escuelas, departamentos,
institutos, fundaciones de las escuelas y demás figuras actuantes, sea
considerada un gran chiriguito extractor de los recursos públicos para
beneficio privado, como algún comentario insinúa en una entrada
anterior. Nos negamos a creer esto, pues si así fuera el Rector le
habría dedicado todas sus energías a extirpar semejante gangrena, como
hizo con el asuntillo de los 301.
Asunto este, el de
los 301, que sigue coleando, a la espera de que el bufete de abogados contratado por la universidad nos depare alguna noticia desagradable. La señora
Gerente, que presumía en otros foros de la gestión
realizada, se llevó un buen susto con la sentencia del Tribunal
Supremo, pero al mal tiempo buena cara y como compensación los 156
afectados han sido enviados directamente de vacaciones, sin prisas para
volver.
Un borrón en el diseño de la carrera política que quería comenzar, poniendo en juego todos sus recursos, entre ellos uno de sus elementos proactivos que se mueve por el distrito pepero de Charmartín, que presume de codearse con la Consejera de Educación Lucía Figar, para que informalmente le susurre las bondades de su persona, en plan lluvia fina.
Otras Universidades de verano...
Todavía cantamos...
